miércoles, 10 de febrero de 2016

Uso de semillas certificadas en el agro aumentó 254%

El director nacional del Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (Iniaf), Carlos Osinaga, explicó que a escala nacional se siembran 3,7 millones de hectáreas de diferentes cultivos, de las cuales el uso de semillas certificadas representa el 54%, superior al 28% que era en el año 2006. La perspectiva para 2025 es superar el 95% de los cultivos con semillas certificadas.
“Desde el año 2006 al 2015 hemos tenido un incremento de producción de semillas certificadas de 254 por ciento porque el 2006 estábamos certificando alrededor de 53.000 toneladas de semillas y actualmente tenemos 115.000 toneladas”, afirmó.
Proyecto PISA
Con el objetivo de conocer los resultados del Proyecto de Innovación y Servicios Agrícolas (PISA), personeros y técnicos del Banco Mundial (BM) llegaron la semana pasada a Santa Cruz.
Osinaga destacó que durante la ejecución del PISA se alcanzaron logros importantes, como la liberación de nuevas variedades de trigo, maíz y arroz, que sobresalen por su productividad y adaptación a diferentes climas.
Explicó que el PISA inició en 2012 con $us 39 millones provenientes del BM y concluirá en febrero de 2017.
“A nivel nacional encara temas de investigación de nuevas variedades de cultivos y asistencia técnica de semillas”, dijo.
PISA beneficia al sector agrícola porque logró resultados satisfactorios que contribuyen a mejorar la productividad en cultivos de alimentos.
El Iniaf es referente nacional e internacional en innovación agropecuaria y forestal para beneficio de los productores agrícolas, pecuarios y forestales del país, busca generar tecnologías, establecer lineamientos y gestionar las políticas públicas del sector con la finalidad de contribuir a la seguridad y soberanía alimentaria.

Piden uso de transgénicos y reactivan vieja polémica



Productores, autoridades y representantes de instituciones de Santa Cruz arguyen problemas por el contrabando, la caída de los precios de la soya, las inclemencias del tiempo y las enfermedades de las plantas. Una científica boliviana apoya esta demanda. Otra, en Argentina, rechaza la modificación genética de los alimentos.

El contrabando, la caída de los precios internacionales de la soya, las inclemencias del tiempo y las permanentes enfermedades de las plantas han reducido significativamente la competitividad de los productos del agro en Bolivia, respecto de los que ingresan al país desde el exterior.

El presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Julio A. Roda, apoyado por autoridades de Santa Cruz, representantes de instituciones privadas y por la destacada científica boliviana que es catedrática en el exterior, María Mercedes Roca, pidió una mayor apertura para que se permita la aplicación de la biotecnología en el campo y así se pueda mejorar la productividad del agro, lo que redundaría en un beneficio para toda la población.

Roda, quien se reunió con periodistas del país en diciembre, justificó esta necesidad poniendo de ejemplo el caso del maíz.

“Lo que nos está afectando más es el ingreso de maíz de contrabando”, dijo el ejecutivo, para luego informar que “la diferencia (entre los precios de venta en la frontera y los productos nacionales) es muy grande y eso hace que tengamos que vender el maíz, o los otros productos que están ingresando, como azúcar, harina, arroz, a un precio menor al costo de producción”.

Adelantó que, de acuerdo con las previsiones de los diferentes sectores que componen la CAO, “no habrá crecimiento” en la campaña de siembra de este año.

La biotecnología
“El 36% de la población económicamente activa del país depende de la agropecuaria”, dijo el Presidente de la CAO, para remarcar la importancia de este rubro y también advertir de la reducción de la producción nacional, “matando a muchos productores”.

Al ser consultado sobre la política económica implementada por el gobierno de Mauricio Macri, especialmente sobre la exención impositiva para las exportaciones de todos los granos a excepción de la soya, Roda advirtió que “sin duda alguna va a afectar a Bolivia... van a inundar nuestro país con productos. Ellos tienen mayor tecnología, el uso de la biotecnología...”. Dijo que esto último representa una ventaja de Argentina respecto a los productores bolivianos.

Finalmente, defendió la legalización de las semillas transgénicas en Bolivia: “¿Por qué no implementar productos genéticamente mejorados? ¿Por qué no si eso nos va a impedir aumentar el cultivo de hectáreas?”. Habló de ampliar la frontera agrícola para tratar de que esos servicios ambientales sigan generando agua, humedad y temperatura. “Estamos en una coyuntura muy grave de cambio climático”, recordó.

Por su parte, el gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, quien presentó las necesidades de este sector en la Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia”, destacó que para lograr el desafío de triplicar la producción de alimentos hasta el año 2025, “en el campo de la producción primaria entra el tema tecnológico, está el pedido de la biotecnología”.

Preocupación y paradoja
Luis Alberto Alpire, secretario de Desarrollo Productivo de la Gobernación de Santa Cruz, habló sobre el CIAT (Centro de Investigación Agrícola Tropical, brazo técnico operativo del Gobierto Autónomo Departamental.

Dijo que “ha ampliado su laboratorio de biotecnología para acortar los tiempos de liberación de variedades; sin esta ampliación, estuviéramos liberando variedades de trigo, de arroz, de maíz y de soya en tres a cuatro años, ahora se acorta a dos años. Entonces, ya es un beneficio tangible. Pero, además, nos estamos preparando, ¿por qué no?, para la liberación de variedades de cultivos genéticamente mejorados”.

Al respecto Fernando Romero, presidente de la Asociación Boliviana de Grupos CREA (AB-CREA), un modelo de cooperación mutua que en Bolivia tiene cerca de 200 miembros distribuidos entre Santa Cruz, Beni y Tarija, expresó una preocupación común entre los productores del Este y el Norte integrado de Santa Cruz: “Hay tecnología disponible a la que no podemos llegar” por la legislación boliviana respecto a los transgénicos.

En ese sentido, hace notar la siguiente paradoja: “Vamos a producir menos trigo porque no hay mercado, no podemos producir más trigo porque no tenemos tecnología, no tenemos el permiso para producir trigo genéticamente mejorado pero, como falta trigo, el Gobierno importa trigo genéticamente mejorado”.

Romero coincidió con los expertos en biotecnología al desmitificar la idea de que los productos transgénicos son perjudiciales para la salud.
Mientras esperan una mayor apertura del Gobierno que les permita introducir nuevas variedades de semillas para producir más y mejor, se apoyan en la transferencia de management, que pasa por la solidaridad, por la colaboración mutua, según la ponderación del Gerente General del IBCE.

Las semillas transgénicas
Ante la realidad de la caída de los precios internacionales de la soya (en 2014, por 1 tonelada de semilla se pagaban 800-900 dólares; a finales del año pasado, 200 dólares menos) y las inclemencias del tiempo que, como el año recién pasado, fueron devastadoras con el trigo, la solución que los agroproductores ven para afrontar la previsible crisis es la de la semilla genéticamente mejorada —la transgénica— para que los cultivos rindan más.

El gerente técnico de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), ingeniero Richard Trujillo, explicó que “por el momento en Bolivia solo está aprobado el 'evento' para soya resistente al glifosato. El 99.99% del área sembrada es transgénica, ya casi no hay nada de soya convencional, porque al agricultor se le hace más difícil mantener su cultivo libre de malezas. Y las variedades que han salido —las transgénicas— son con mayor potencial de rendimiento”.

Cuando se le preguntó si el suelo no sufre ningún daño con este tipo de semillas, respondió: “No, no, no, no. Porque es inclusive mejor para la siembra directa”. Esta es la forma que han adoptado los productores para lograr un mayor rendimiento de sus tierras a la hora de cultivar sus granos.

Testimonios
Incluso los pequeños productores, como Hugo Flores Porco, presidente de Anapo, Filial del Este, San Julián, elogió la semilla que todavía es resistida por algunos sectores: “Cuando llegó el transgénico pudimos pagar las deudas”, afirmó el agroproductor nacido en Caiza D, departamento de Potosí.

Luego, ratificó su posición con dos ejemplos: “El maíz aquí no es transgénico, sembramos y los gusanos se comen al maíz porque no es resistente a los gusanos. También (pasa con el) trigo: el transgénico en otros países rinde hasta 4 toneladas, pero acá en nuestro municipio solo 2 toneladas. Con los precios que están en este momento, no nos da a los productores para poder cubrir lo que se invierte”.

Para ponerse a tono con otros países, incluso con la avanzada Brasil, uno de los que en el pasado se oponían a la biotecnología para mejorar la producción, los agroproductores piden flexibilidad en la normativa nacional para permitir la aprobación de otros “eventos”, no solo para la soya resistente al glifosato, sino para distintos granos.

Pero, entretanto, volvieron a abrir una vieja polémica sobre los transgénicos.

“Hay que bajarse de este tren”

Entrevista a Alicia Massarini, doctora en Ciencias Biológicas (UBA) e investigadora adjunta del Conicet en Biología Evolutiva (Argentina), publicada a mediados del año pasado en La Gaceta de Tucumán, diario argentino al que reconoce que su postura es bastante resistida en el mundo científico:

¿Cómo apareció el transgénico en el campo?
La transgénesis comienza a experimentarse en los 70 con la idea de estudiar procesos biológicos. Insertar genes de otras especies en animales o vegetales y ver cómo se comportan. Poco tiempo después se dieron cuenta que se podía aplicar a cultivos de valor comercial. La primera transgénesis de aplicación comercial tiene que ver con la introducción de genes que confieren resistencia a un herbicida y genes que permitieron la producción de la toxina BT (maíz) para que la planta produzca su propio insecticida.

¿Son más saludables?
La semilla transgénica no mejoró su valor nutricional. El discurso de quienes promovían esto fue que se mejoraría la calidad del producto, pero los transgénicos en el mercado confieren una ventaja económica al productor. No son amigables con el medio ambiente ni son alimentos.

¿Hay estudios?
Los más contundentes son los de Gilles-Eric Séralini, de Francia, que alimentó a ratas durante dos años (período de vida) con maíz transgénico y registró que aparecían tumores, enfermedades degenerativas hepáticas y renales que son normales hacia el final de vida, pero en las ratas aparecían en la mitad, al año. Concluye que esta alimentación altera ciclos celulares, metabólicos y produce anticipación de patologías graves.

¿Es posible no consumir transgénicos?
En Argentina, los alimentos transgénicos no están etiquetados. La alimentación masiva (mercadería que ofrecen los supermercados) contiene productos que provienen de transgénicos como la lecitina de soja, presente en galletitas, yogures y postres.

¿Se puede cambiar el modelo productivo?
El discurso de los que promueven esto es que no podemos dejar de subirnos a este tren. Yo digo: no podemos seguir subidos porque nos va a conducir a un desastre ambiental y sanitario. Las alternativas son muchas, no solo lo que teníamos. Hay que recuperar los valores y la soberanía alimentaria.

¿Y la producción de alimentos?
Esto que producimos no son alimentos, sino commmodities para exportar y alimentar el ganado de los países centrales y de China. Es una falacia que se hable de que estamos contribuyendo a paliar el hambre del mundo, porque el hambre es cada vez más notable.

“Campañas de desprestigio de la biotecnología”

La doctora María Mercedes Roca, catedrática boliviana del Tecnológico de Monterrey que tiene un doctorado en patología vegetal y virología de la Universidad de Londres, indica a CAPITALES que “la tecnología está avanzando exponencialmente, pero es el lado normativo el que está avanzando a paso de tortuga. Mientras tanto, las campañas anti-tecnología y anti-transgénicos continúan y han creado un rechazo muy arraigado, y no queremos eso”.

Afirma que “a mí me daría preocupación personal de tener etiquetado de transgénicos porque está tan sesgada la idea de que un transgénico es malo, que ya sería como ponerle un sello de que ‘esto es radiactivo, no se lo tome, esto está contaminado’”.

Dice sin embargo que “no soy muy optimista” por las “campañas de desprestigio de la biotecnología” que, en su criterio, confunden el daño que supuestamente se provocaría a la agricultura y al medioambiente con el que podría causar una modificación genética insertando un gen a un producto, o con el daño que causarían las transnacionales. “Son tres cosas muy diferentes y se ponen en una misma canasta y, entonces, ‘la biotecnología es mala’ y ‘los transgénicos son malos’”, agrega.

“Si un país no quiere ingresar a la tecnología, tiene todo el derecho. Pero que no se queje si queda atrás”, advierte Roca.
Recuerda el sonado caso Monsanto, en México, donde hace tres años un grupo de la sociedad civil le planteó una demanda a esa multinacional de la ingeniería genética de semillas y de la producción de herbicidas, por la falta de etiquetas en los productos transgénicos, bajo el supuesto de que provocan daños a la salud humana.

El resultado fue una prohibición total de maíz transgénico, dice Roca, pero “hace dos meses, el fallo del juez fue que los demandantes no lograron producir la evidencia de que cause cáncer. Un país como México, que come tortillas tres veces al día y no es autosuficiente, tiene que importar el 50% del maíz que consume, necesita de esta tecnología”.

A continuación, explica: “La única diferencia entre un frijol con resistencia a virus y el frijol convencional es que no se enferma con el virus… Que una de estas personas que dicen que los transgénicos dan cáncer me explique a mí o a cualquier científico cómo ese transgénico de frijol creado por Embrapa [Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria] da cáncer a alguien. O cómo un maíz con resistencia al agua le va a causar cáncer a alguien…”, aseveró Roca.

En su criterio, “nos alarmamos demasiado por cosas que no entendemos… No hay un solo caso de que haya una evidencia directa de que por esta causa haya personas con cáncer. Si alguno de ustedes encuentra un artículo científico serio, le ruego por favor que me lo envíe. Y el día que yo lea eso voy a ser la primera en pedir disculpas públicamente por haber hablado prematuramente por ignorancia, porque no conocía la evidencia. Pero hasta ahora, en mis 16 años de actividad con esto, no hay nada”, desafió la científica boliviana.

viernes, 5 de febrero de 2016

Pobladores de Soracachi ofrecen productos con rebajas del 30%

Más de 450 pobladores de Soracachi expondrán desde hoy diferentes productos de la canasta familiar, con rebaja de precios de hasta el 30%.

Esta feria del productor al consumidor será realizada en el mercado de la zona Villa Santa Rosa.

COSECHA

De acuerdo con uno de los principales organizadores de la feria y además dirigente de la mencionada localidad, Genaro Quisbert, el evento será realizado debido a que la temporada de cosecha en diferentes poblaciones, especialmente del departamento de La Paz, han comenzado ya, por lo que productos como la papa, haba, zanahoria y algunas hortalizas tienden a bajar sus precios, a causa de la crecida cantidad expuesta en los diferentes centros de abasto.

“Nosotros hemos comenzado a visitar diferentes poblaciones, inclusive de otros departamentos, por eso es que en la oportunidad hemos decidido exponer nuestros productos en la zona Santa Rosa, aunque en este barrio no es la primera vez que lo hacemos, pero ahora tenemos mucha verdura, papa, nabo y otros que serán puestos a la venta en la feria”, señaló el dirigente.

Según el organizador de la feria, la población puede visitar esta zona que está ubicada al sur de la urbe alteña, Distrito Municipal 1, donde de lunes a domingo podrán adquirir sus productos desde las 5:00 de la mañana hasta la medianoche.

PRECIOS

Según explicó Quisbert, una de las grandes facilidades que se tendrá en esta feria es el precio de los productos que, a comparación de otros centros de abasto, tendrá una rebaja considerable de hasta el treinta por ciento.

“Tenemos papa con la arroba desde Bs 35, mientras que en el mercado normal podría estar hasta 45 bolivianos; la arroba de zanahoria se venderá en Bs 20, mientras que en el mercado normal se vende en 25 bolivianos. Otros productos contarán también con esta diferencia de precios en el mercado de la zona de Santa Rosa, de la ciudad de El Alto”, aseguró el dirigente.

TRANSPORTE

Por su parte, una de las comerciantes, quien se identificó como Mabel López, aseguró que los vendedores tuvieron que tropezar con diferentes problemas de transporte, para llegar hasta la ciudad de El Alto, ya que tuvieron que usar caminos de herradura desde el lugar donde producen sus productos.

“Hemos tenido que utilizar otros caminos para llegar a El Alto, porque como ya estaba programado participar en esta feria, teníamos que estar a como dé lugar, además nuestros camiones ya tenían todo cargado y tuvimos que llegar aunque con varias horas de atraso, pero tenemos muchos productos que ofrecer a la ciudadanía alteña, porque como es época de cosecha tenemos precios bajos”, explicó la comerciante.

Soracachi se encuentra en el departamento de Oruro, desde donde se trajo la mercadería en transporte pesado por la carretera principal hasta la ciudad de El Alto. Sin embargo, debido a los problemas y las protestas del Transporte Pesado, que son de conocimiento público, muchos de los comerciantes tuvieron que utilizar caminos de herradura, por lo que emplearon hasta más de cuatro horas para llegar a la urbe alteña.

jueves, 4 de febrero de 2016

El BM destaca la certificación de semillas en Bolivia

El Banco Mundial (BM) puso de relieve la tarea de certificación de semillas que desde 2011 realiza el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (Iniaf). Anunció de que si el Gobierno boliviano decide ampliar el convenio de cooperación para impulsar esta actividad que busca la seguridad agroalimentaria, “con gusto atenderemos el pedido”.

Esa declaración la efectuó Laurent Msellati, gerente del sector de agricultura para la región de América Latina y el Caribe, durante su visita al laboratorio del Iniaf en Santa Cruz, antes de visitar las áreas agrícolas de experimentación en tema de semillas certificadas en Yapacaní y la comunidad Nuevo Horizonte.

“Debo reconocer que Bolivia logró avanzar en este plan quinquenal, que finaliza en febrero de 2017, a grandes pasos. Lo que se debe hacer de aquí en adelante es ver la sostenibilidad del Iniaf. Si el Gobierno lo solicita, se puede ampliar la cooperación”, manifestó.

El director ejecutivo del Iniaf, Carlos Osinaga, indicó que en 2011 fueron certificadas 9.741 toneladas de semillas, y que en 2015 subió a 14.500

Según datos del INIAF En 9 años, producción de semillas creció 254%

Desde el 2012 el Banco Mundial (BM) financia los Proyecto de Innovación y Servicios Agrícolas (PISA) que lleva adelante el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), es por ello que personeros de este ente mundial llegaron hasta Santa Cruz para conocer los resultados. El director nacional del Iniaf, Carlos Osinaga, indicó que dicho proyecto ha contribuido a los productores en mejorar su productividad, porque la producción de semillas certificadas en Bolivia ha crecido en el orden del 254% en los últimos 9 años.

El proyecto concluirá en el 2017 Osinaga manifestó que el proyecto Pisa, que inició sus actividades en el 2012, concluirá en febrero del próximo año nivel nacional en temas de investigación de nuevas variedades de diferentes cultivos, asistencia técnica y todo lo relacionado a certificación de semillas. “Desde el año 2006 al 2015 hemos tenido un incremento de producción de semillas certificadas de 254%, porque el 2006 estábamos certificando alrededor de 53.000 toneladas de semillas y actualmente tenemos 115.000 toneladas de semillas certificadas”, explicó Osinaga.

Banco Mundial prevé seguir financiando proyectos. El gerente del Sector de Agricultura del Banco Mundial, Laurent Msellati, manifestó que financiamiento al sector agrícola es muy importante para la entidad que representa, porque el sector agropecuario es un motor de riqueza y generador de oportunidades para muchas familias rurales.

Msellati resaltó el trabajo del Iniaf en el caso de certificación de semillas y auguró que el trabajo de la entidad estatal continúe una vez concluya el financiamiento del Banco Mundial. Sin embargo, dejó abierta la posibilidad de un posible apoyo del banco si el gobierno nacional lo solicita.

Proyectan más exportación de banana, piña y palmito

El viceministro de Comercio Exterior, Clarems Endara, se reunió con el secretario de Comercio del Gobierno argentino, Miguel Braun, y la subsecretaria de Comercio Exterior, Leyla Nazer, para dar a conocer el interés del país de aumentar el volumen de exportación de textiles, bananos, piñas y palmitos. Reunidos en Argentina, Endara dio a conocer las proyecciones de la oferta de productos bolivianos con potencial exportador y manifestó su optimismo por incrementar el volumen de dichas exportaciones en la presente gestión, informó la Cancillería a través de un comunicado de prensa. Por su parte, el secretario de comercio argentino se refirió a la política comercial que su país está llevando adelante en este nuevo gobierno encabezado por Mauricio Macri./

La FAO financiará dos nuevos proyectos de asistencia técnica en Cuba

La FAO financiará con 742.000 dólares dos programas de asistencia técnica en Cuba que apoyarán la transferencia de tecnología en agricultura, seguridad alimentaria, nutrición y gestión sostenible de los recursos naturales a centros de investigación y productores, informaron hoy medios locales.

Los proyectos fueron firmados este martes en La Habana por el representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en la isla, Theodor Friedrich, y el director de Organismos Económicos Internacionales del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, William Díaz.

Uno de los proyectos, destinado a mejorar la capacidad técnico-productiva de los sistemas familiares de leche y carne bovina, se extenderá hasta enero del 2018 y contará con una financiación de 372.000 dólares, detalló un reporte de la agencia Prensa Latina.

El otro, "Intensificación sostenible de granos básicos biofortificados y adaptados al cambio climático", está dotado de un presupuesto de 370.000 dólares y se dedicará a capacitar actores clave en esa actividad, perfeccionar el programa nacional de mejoramiento genético y producción de semillas de granos.

El objetivo de estos programas es "optimizar" procesos de producción agrícola desde la perspectiva de la intensificación sostenible en la obtención de carne, leche y granos, con técnicas y prácticas que respetan y promueven los ecosistemas naturales a la vez que se obtienen mayores rendimientos a largo plazo.