lunes, 2 de mayo de 2016

“Rumi Tanpu” trae al mercado hongos para suplir la carne animal por vegetal


La Organización Comunitaria Emprendedora de Producción Ecológica “Rumi Tanpu”, un emprendimiento iniciado por cuatro jóvenes de Pisili, municipio de Tarabuco, ofrece la opción de variar las comidas con un suplemento de carne vegetal, los hongos comestibles. Se trata de un producto sano, sin grasa, bajo en calorías, rico en contenido mineral y con un gran poder curativo. Es ideal para los veganos.

Julián Chambi, miembro del pueblo indígena originario Pisili, explica a CAPITALES que los hongos comestibles son un excelente suplemento alimenticio, sano y natural, que reemplaza a la carne. Tienen fibra y carecen de ácido úrico y colesterol.

Sirven para tratar la diabetes, el cáncer y los tumores. “La gente que viaja a otros países es la que más conoce sus propiedades; los demás, muy poco. Los que sí saben de sus propiedades son los veganos”, enfatiza Chambi.

En su criterio, se debe socializar mucho este producto. En ese sentido, cuenta que suelen hacer degustaciones de uno de los platos más fáciles de preparar: los chicharroncitos de hongos. “Solo se tienen que remojar y saltear en aceite caliente”.

Hoy Rumi Tanpu tiene más de 200 mil plantas distribuidas en unas 500 hectáreas de reforestación. En la mitad de esa superficie se producen hongos comestibles desde hace tres años. En 2015 deshidrataron más de 2.000 kilogramos, en 2016 2.300 kilos. El precio de la arroba esta en Bs. 300.
Distintas calidades

Chambi explica que tienen productos de tercera, segunda y primera calidad, de una sola variedad de hongo. Están a punto de ingresar al mercado con el escabeche de hongos.

Hay beneficiarios directos e indirectos. Los primeros son 12 familias que realizan una deshidratación de calidad y los indirectos, más de 100 familias de Tarabuco. Cada una cosecha entre 100 y 200 kilos de hongos al año.

“En el futuro queremos llegar a toda Bolivia y, si es posible, a otros países también”, comenta.

Su historia
Julián Chambi y tres compañeros estudiaron a distancia Gestión en Desarrollo Rural, en la Universidad Nur de Santa Cruz. Allí aprendieron cómo la gente del campo puede generar desarrollo en su lugar de origen y respetando el medio ambiente.

Hace tres años que se dedican a la producción de hongos forestales, pero antes tuvieron que reforestar y plantar pinos, para que se dé una simbiosis entre los hongos y el pino.

En el invernadero introducen “micorriza” a las bolsas de las plantas de pino que llevan a los cerros y allí crecen los hongos. La micorriza define la simbiosis entre un hongo ‘mycos’ y las raíces ‘rhizos’ de una planta: el hongo obtiene de la planta hidratos de carbono y vitaminas que él, por sí mismo, es incapaz de sintetizar y la planta recibe del hongo principalmente nutrientes, minerales y agua.

Con este fin se contactaron con PLAFOR, intensificaron la deforestación y plantación de pinos y a los tres o cuatro años vieron aparecer los primeros hongos.

Chambi recuerda que a un principio la gente llegaba, compraba los hongos en bruto y se iba; ellos no sabían qué tipo de uso le daban. Entonces, viajó a varios países para ver qué hacían con este producto y así se enteró del sinfín de beneficios que ofrecen los hongos.

Más de la organización “Rumi Tanpu”
Desde 2015 cuentan con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Rural, mediante el programa Acceso, que les ayuda con la promoción de su producto.
Este año alaborarán galletas con hongos.

Por el momento —pese a que tienen pedidos de supermercados y tiendas— la promoción y venta se realiza solo a través de ferias y pedidos directos. Están tramitando su registro sanitario.

Los precios de los hongos van desde 4 a 20 bolivianos, dependiendo de la cantidad de gramos.

Para hacer pedidos se puede llamar a los números 74455180, 72884477 y 73441937.

¿El agro se nos muere? Las plagas y los “precios bajos” amenazan la producción



Rostros tristes, campos secos; expresiones de preocupación, lluvias tardías; cabezas gachas, plagas desconocidas. Cosechas bajas, deudas inevitables; hectáreas desperdiciadas, familias preocupadas... La actual situación del agro cruceño es "muy delicada”, coinciden pequeños y grandes productores.

Todo ello puede repercutir -sostienen- en la producción de este y el siguiente año, en lo que respecta a soya, maíz, sorgo y arroz.

"Muchos van a dejar de sembrar (arroz) porque tienen miedo de perder”, afirma Franklin Condori, productor de soya y arroz de la comunidad Guadalquivir. Esta localidad se ubica en el municipio de San Juan de Yapacaní.

Cada año que pasa, Condori atraviesa nuevos problemas en lo que hace a la producción de estos dos granos debido a dos factores: la aparición de "nuevas plagas” en el arroz; y la carencia de "precios favorables” para comercializar la soya.

En similar situación está Juan Carlos Heredia, productor de esa zona. Él, como muchos agricultores, demanda que se libere la exportación de soya para que no se queden con este producto.

"En soya hay bichos y hongos que nos hacen gastar mucho y eso merma la producción y los precios tampoco nos acompañan. En arroz cultivo entre 70 y 80 hectáreas. Lo que normalmente debería producir son 30 fanegas por hectárea para que haya ganancia. Ahora, hemos sacado dos a tres fanegas por hectárea”, comenta.

Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, el valor de las ventas externas de la soya y sus derivados se redujo entre enero y febrero de este año en un 10%.

Dirigentes de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo explican que esta "situación preocupante” afecta a los productores de toda Santa Cruz. Entre los municipios más perjudicados están San Juan de Yapacaní, Pailón, Cuatro Cañadas, Okinawa, Santa Rosa del Sara y San Pedro.

La directora de Anapo zona Norte, Silvia Vale, afirma que debido a varios problemas alrededor de 14.000 productores están en riesgo en todo el departamento. Se queja de que no hay mercados para sus productos, de que los caminos no son buenos, de que no se cuenta con tecnología avanzada, de que no tienen precios justos, de que no hay dónde acopiar los granos; y agrega que todo ello puede repercutir en que muchos de ellos dejen de producir.

"La próxima campaña no va a haber (para) consumo interno en Bolivia; muchos agricultores lamentablemente van a dejar de sembrar. Así como han dejado de sembrar maíz y frejol. No va a haber soya, no hay grano de oro”, explica.

Un testimonio de pérdida total en esta gestión lo da David Chaira Condori, productor del municipio de Santa Rosa del Sara. Mientras camina por su chaco -entre el lodo seco y las espigas de arroz, más secas aún- cuenta que "no ha rellenado el grano”. En el último año, invirtió casi 15.000 dólares sólo en insumos para sembrar arroz; no obstante, lo perdió todo.

"No da ganas ni de cosechar, es una pérdida grande”, lamenta. Una enfermedad conocida como la bacteriosis se asentó en sus campos los dos últimos años; la cosecha de invierno fue devastadora. Afirma que el 70% de los productores de la zona padecen el mismo problema.

El subalcalde del distrito Enconada de San Juan, Benjamín Torrico, explica que hay quienes han perdido entre cinco y 200 hectáreas en esta campaña, esto debido al elevado costo de producción y el poco o nulo retorno económico. "El costo de producción en arroz varía entre 750 y 780 dólares”, explica.

El ministro de Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico, expresó el miércoles su preocupación por la pérdida de "importantes áreas” de cultivos de arroz en este departamento. "Hay preocupación. Hemos tenido denuncia en el sentido de que bastante territorio cultivado de arroz se habría perdido en algunos municipios y lo más crítico es en el municipio de Santa Rosa del Sara”, dijo, según ANF.

Cocarico dijo que se cuantifica las pérdidas para decidir si se realizará una acción de contingencia; descartó desabastecimiento del alimento.

Más de 200 kilómetros al este de Santa Rosa del Sara está el municipio de Cuatro Cañadas. El alcalde de este lugar, Genaro Carreño, explica que en la zona se siembran alrededor de 200 mil hectáreas, principalmente de trigo; el último año se perdió el 70% de la producción.

"Estamos perdiendo, estamos muy preocupados por el factor climatológico y los precios. Encima, estamos estancados en la exportación. El Gobierno nos ha limitado la exportación y eso nos afectó muchísimo”, comenta.

El vicepresidente de Anapo, Susano Terceros, aduce que los precios bajos que ofrecen las grandes industrias, sumado a la sequía y las lluvias tardías, colocaron a los pequeños y medianos productores de la zona en una situación delicada, dado que está amenazada su inversión. Gualberto Zurita, productor de soya, asegura que al no permitir que el sector tenga liberadas las exportaciones, lo "están matando”. "Los agroindustriales nos tienen en sus manos”, afirma.

Sobre esta situación, Terceros afirma que hay agricultores que están siendo perseguidos por las casas comerciales. "Las casas comerciales nos financian con cargo a la cosecha”, comenta.

Rimber Crespo Vidal, director de Anapo en la comunidad San José del Norte, explica que en la región la fanega de arroz (200 kilos en chala) vale a 30 dólares y que se tiene 15 fanegas por hectáreas y que la diferencia de costo beneficio es casi nula. Asimismo, asegura que en el caso de la soya les pagan a los productores entre 240 y 260 dólares la tonelada; el costo de producción oscila entre 480 a 500 dólares. "Estamos trabajando para las industrias y los proveedores de insumos”, lamenta.

En su informe de cierre de la gestión 2015, la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) lanzó cifras del sector agroproductivo de Santa Cruz; los indicadores mostraron un panorama negativo. Hoy, su presidente, Julio Roda, estima que la situación empeorará este año.

"Estamos preocupados porque esto va a desincentivar a los productores a no producir, gente que siembra y pierde dinero no lo va a hacer… Se ha bajado a la mitad el área de siembra de maíz, se ha bajado a la mitad en sorgo, se va a bajar casi a la mitad en trigo y eso va a afectar mucho al sector”, explica Roda. Sin embargo, afirma que este sector "seguirá apostando” por el país.

Productores "migran” a otros oficios

Productores de arroz y soya de los municipios de San Juan de Yapacaní y de Santa Rosa del Sara decidieron "migrar” a otros oficios, luego de perder su producción, cuentan las autoridades y los agricultores de esa región. La albañilería y los servicios de mototaxis son las labores a los que más se están dedicando estas personas que buscan "estabilidad económica para sus familias”.

"Al agricultor a veces le queda dejar su siembra, deshacerse de su parcela. Muchos están saliendo a Yapacaní, a ayudante de albañil o están trabajando en el ingenio. No hay mucha atención a los pequeños productores. Otros están de mototaxistas, los más”, explica el subalcalde del distrito Ayacucho del municipio de San Juan, Pedro Pérez.

Esta autoridad comenta que un 60% de los productores de la zona, arroceros y soyeros, están siendo golpeados por los bajos rendimientos en el arroz, a causa de una plaga, y por los precios bajos en la soya.

Santos Gutiérrez es un productor de Santa Rosa del Sara. Cuando llegó a la zona, en 1994, comenzó cultivando una hectárea de arroz. En la actualidad, cultiva 100 hectáreas de arroz y 100 hectáreas de soya. Con el paso del tiempo ha visto cómo las enfermedades -como la piricularia y la "mosca blanca”- han mermado la producción del sector arrocero.

Hoy en día, lamenta que muchos de sus vecinos hayan optado por otras actividades, debido a que la producción en su chaco "no era rentable”. "Alguna gente prefiere irse a otros países a trabajar de albañil o a trabajar de mototaxista en las ciudades. Esto afecta al pueblo boliviano porque es menos producción”, asegura.

Pequeños productores de caña quieren un ingenio



Los pequeños productores cañeros de Bermejo buscan organizarse para no depender de los cañeros grandes que negocian el precio de la caña según su conveniencia. Así lo indicó Víctor Cachambi, productor de la comunidad de Campo Grande, quien señaló que en esa zona tienen una producción de aproximadamente 300 toneladas de caña.

“Los cañeros chicos recién están pensando con cabeza propia, hasta ahora las decisiones del contrato de zafra la tomaban los grande cañeros, quienes tienen otros intereses, no viven exclusivamente de la producción”, dijo Cachambi.
El productor comentó que este sector todos los años se ve afectado por el mal estado de los caminos, la falta de transporte y el cupo de entrega de caña al ingenio. Por esas razones se quedan con materia prima en el campo, pese a estar asociados en diferentes instituciones cañeras.
“Ya van dos años que no hay zafra normal, estamos sumamente preocupados, no hay un ingenio azucarero que nos pueda garantizar la molienda de nuestra materia prima. Por eso estamos buscando la alternativa de reunirnos todos los productores cañeros chicos, organizarnos en una nueva asociación y gestionar ante la Gobernación y Gobierno Central un nuevo ingenio, aunque sea pequeño, para moler 1.500 toneladas día”, dijo Cachambi.
El comunario de Campo Grande señaló que el 60% de los cañeros de Bermejo tienen pequeña producción, pero lamentó que las decisiones de hacer o no zafra la toman los grandes productores, quienes tienen otras empresas y negocios que son sus principales fuentes de ingresos económicos. “Mientras que los perjudicados y quienes pierden su fuente de ingreso y medio de vida son los cañeros chicos, porque dependemos de la producción de caña”.
Cachambi considera que la Federación de Productores Cañeros de Bermejo (Feprocab) y la Federación de Cañeros del Sur (Fecasur) no tienen avances concretos sobre la zafra 2016, por ello creen necesario organizarse y gestionar el contrato de cosecha de caña de manera directa y no con intermediarios.
“De los 1.200 cañeros que hay en esta región, el 60 a 70% son cañeros chicos, quienes están desapareciendo debido a que los cañeros grandes primero piensan en sus intereses personales y no en la mayoría. En las condiciones como se pinta la zafra 2016 vemos que no hay garantías, de alguna manera si hubiera zafra, vamos a tener que entregar nuestra cañita. Pero la decisión con miras al futuro está en organizarse en una asociación de pequeños productores, no queremos formar parte de la compra de IABSA, queremos un nuevo ingenio”, dijo finalmente Cachambi.

domingo, 1 de mayo de 2016

Regantes perderán cultivos por falta de agua

Los regantes del valle bajo denunciaron que este año perderán el 30 por ciento de sus cultivos, debido a que las lagunas que hay en la cordillera del Tunari sólo almacenaron agua en un 30 y 50 por ciento, informó el representante de los Regantes de ese sector Ronald Equilea.

La zona norte de los municipios de Tiquipaya, Vinto, Quillacollo riegan sus cultivos con aguas que provienen de la zona de la cordillera, pero este año las lluvias fueron escazas.

Equilea informó que el sector requiere proyectos que solucionen definitivamente el problema de la sequía y garanticen el riego. El 50 por ciento del agua para riego que usan los regantes del valle bajo se pierde por deficiencias en los canales de riego. “Necesitamos mejorar esos canales para un uso eficiente del agua y evitar las pérdidas. Pedimos al Gobierno que nos apoye con proyectos grandes puede ser represas u otros”, dijo.

Atribuyen este fenómeno al cambio climático. “Gracias a Dios casi nunca teníamos problemas de agua, pero este año ya no podremos dotar de ocho turnos de riego, vamos a tener que dar sólo la mitad ya que con las fugas o pérdidas el agua casi ni va a llegar a nuestras zonas alejadas”, dijo.

Lamentó que hasta la fecha el proyecto de riego de Misicuni no se haya concretado y que los agricultores pierdan sus cultivos por la falta de agua. “Si el proyecto continúa retrasándose más tendremos que movilizarnos, porque el agua es vital para la población”, dijo.

La Gobernación informó que 30 de los 47 municipios del departamento están afectados por la sequía. La institución prepara un informe del problema de falta de agua en el departamento y anunció ayuda a los municipios afectados. La UGR indicó que trabaja un plan para la atención de la sequía que requiere un presupuesto de unos 7 millones de bolivianos para llevar adelante proyecto de cosecha de agua y la construcción de presas y atajados.

Tiquipaya recibe sistema de riego tecnificado

El Programa Nacional de Riego con Enfoque de Cuenca (Pronarec II) del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) entregó ayer el Sistema de Riego Tecnificado Montecilllo Bajo en el municipio de Tiquipaya. Este proyecto fue construido con un presupuesto de 3.043.820 bolivianos y beneficiará a 222 familias que se dedican a la agricultura.

El proyecto, financiado en un 50 por ciento por el Pronarec II, en 30 por ciento por la Gobernación y 20 por ciento por el municipio de Tiquipaya, regará un total de 111,5 hectáreas de cultivos.

El mismo consiste en el mejoramiento de dos estanques de agua, la implementación de una red de distribución, provisión de 152 hidrantes y líneas de riego con aspersores, construcción de 36 cámaras de llaves y de válvula y cerco perimetral en los dos estanques.

Los agricultores de Montecillo Bajo utilizan el agua de las vertientes que se acumulan en la quebrada de P’ajcha Khora a través de dos galerías filtrantes. La construcción del sistema de riego tecnificado optimizará el uso del agua mediante la implementación de aspersores que garantizan la disponibilidad del líquido durante todo el año, de esta forma el sector incrementará su producción agrícola y mejorará sus ingresos económicos.

La entrega del proyecto fue realizada por el vicepresidente Álvaro García Linera y la ministra de Medio Ambiente y Agua, Alexandra Moreira. “El sistema de riego tiene 14 kilómetros de ductos y proveerá agua a cultivos de flores y frutas”, indicó Linera.

Además, pidió fomentar la agricultura con nuevos sistemas de riego para que las familias campesinas locales protejan las zonas de cultivo por encima del interés de construir casas.

Biotecnología a favor de la producción boliviana

Luego de realizar un recorrido por los cultivos del oriente boliviano, se detectó que uno de los pedidos en el que hicieron mayor énfasis los productores, de soya, arroz, maíz, trigo, entre otros, es que se les permita trabajar con la biotecnología.

Un tema que en Bolivia aún es altamente cuestionado por la desinformación que se crea a través de los distintos medios de comunicación, en los que se dice de todo.

Es así que la especialista en Agrobiotecnología del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Cecilia González, expresa su punto de vista, tratando de orientar e informar a la población, para que considere que el trabajo científico que realizan no es cosa de otro mundo, y que más bien se puede aplicar a favor de la producción.

González acompañó a los periodistas en el recorrido que hicieron los días 20, 21 y 22 de abril, por los sembradíos y junto con ellos escuchó el clamor de los agricultores, solicitando ayuda pues muchos están perdiendo sus cultivos producto de la sequía, y de plagas que los atacan, además del bajo costo al que les compran el producto.

Esto de la sequía y el ataque de plagas, puede ser combatido con la biotecnología que modificaría los alimentos para que sean resistentes a los mismos, y que esto ya es usado en los demás países, quedando Bolivia como una isla.

Los productores indicaron que es extraño ver cómo los bolivianos temen a los alimentos transgénicos, y que sin embargo, los están consumiendo cuando ingresan de otros países, pues sí, hay productos como la soya, que ingresa de Argentina o Brasil y está modificada, en desmedro de los cultivos de Bolivia, pues así ellos producen grandes cantidades, en comparación a nuestro país.

González incluso a través de un artículo que tituló "Biotecnología: Una cuarta revolución en curso", indica que no es nuevo el uso de esta tecnología biológica, pues el hombre siempre la usó desde que trasformó la uva en vino, la leche en queso o yogur, y la levadura para hornear el pan, pero claro, desconociendo cómo sucedían tales procesos.

"Es el tema de la desinformación que está causando el rechazo y pánico a la biotecnología, que se contrapone a la solicitud o requerimiento que tienen los productores, de utilizar la biotecnología, pero a nuestro favor, porque no es cuestión de usar lo que está haciendo la multinacional, que puede ser bueno, pero que no es nuestra realidad, y quizá lo que necesitamos son productos más específicos, modificaciones más localizadas para nuestra realidad y condiciones climáticas, pero que si estamos en esta posición donde no se quiere formar una política para el país, que consiste en normas, designar la administración, a largo plazo, lastimosamente Bolivia ingresará a épocas duras y no sabremos afrontar las crisis que se dan en el agro", manifestó González.

Pero además, señaló, que a nivel científico Bolivia se está quedando atrás, pues países como Cuba se han subido al "tren bala" y ya tiene listos varios eventos, aunque una de las ventajas que tienen es que no son centros de biodiversidad de varios productos, pero están modificando dentro de sus necesidades.

Entonces sostiene que en Bolivia se quedan de brazos cruzados, el reto será grande al tratar de hacer las cosas, es como querer usar la rueda hecha a mano, tallada, cuando se pueden usar las llantas, para avanzar.

En cuanto al temor más común que tiene la gente, de que al consumir estos alimentos genéticamente modificados, puede ocurrirles algo malo, se habla de cáncer, de deformaciones y otros, González afirma que para alguien que ha estudiado genética o entiende levemente este tema, es complejo tratar de explicarlo a la población y que ese es un gran obstáculo, porque se trata de un tema bastante técnico que no se puede decir en tres palabras.

Por lo que es un reto para los mismos científicos, pero que les resulta divertido porque se vuelven más innovadores al ver cómo pueden explicar estos temas.

Aseguró que son más 20 años, con más de 100 estudios sobre cómo estos alimentos genéticamente modificados específicamente por transgénesis afectan o no al cuerpo humano, y hasta el día de hoy no existe ninguna correlación directa de que éstos provoquen cáncer, causen alergias, muten los genes de las personas.

"Hay una desinformación a nivel general, ya hablar de temas tan específicos como esto de genética, es tan fácil que yo le pueda vender a la población algo tan horrible como que el plátano va a tener genes de pescado, y en tu cabeza te armas un cuadro horrible, y dices -no cómo va a ser eso posible- cuando surge ahora con los estudios y la tecnología que están avanzados, y nos damos cuenta que el 8 por ciento de nuestro código genético lo compartimos con los virus y eso nos ha dado la posibilidad de crear resistencia a los virus desde que nacemos. Hay por lo menos un 20 por ciento de nuestro código genético que compartimos con microorganismos, bacterias o amebas, entonces no creamos que somos una raza pura, que de nuestro código genético es 100 por ciento humano, vamos compartiendo muchos genes", explicó ampliamente la científica.

Dijo que se hizo toda la codificación por ejemplo de la cazaba, que es como una yuca en África, y se han dado cuenta que tiene muchos genes de bacterias, por lo que es un transgénico natural.

"Y nosotros nos rasgamos las vestiduras porque al maíz le hemos metido la propiedad de que pueda resistir un insecticida, propiedad que era de una bacteria, sin embargo, la naturaleza ha encontrado la manera de añadirse características que en nuestra cabeza no parecerían naturales, pero que la vida ha permitido que sucedan", manifestó.

Toda actividad humana conlleva un riesgo, advirtió, pero justamente los científicos que han empezado a efectuar estas nuevas modificaciones, ya a nivel genético más específico, también sentían esta preocupación, por eso han desarrollado la evaluación de riesgo, que es un proceso que no dura un mes, ni seis meses, por lo menos es año y medio, porque tienen que verse tres campañas de siembra, para ver si afecta al suelo, a las plantas, la polinización y otros, y ver que si esta nueva variedad es lo que querían o si conlleva algo inesperado.

En cuanto a la importancia económica, Cecilia González publicó que cuando se considera como una industria en sí misma, la biotecnología y su impacto económico compite con la minería, los servicios públicos, los productos químicos, la informática y la electrónica.

En 2013-2014, la industria británica de biotecnología y bioenergía involucró a 255 compañías y generó 4 mil millones de dólares en rédito.

"A nivel internacional, por lo menos 20 países han establecido estrategias que identifican de manera explícita la biotecnología como fundamental para su futuro, crecimiento económico y de empleos. Teniendo en cuenta este enfoque en el desarrollo económico, es crucial definir mejor el papel sistémico actual de la biotecnología", recomienda González.

sábado, 30 de abril de 2016

Arroceros definen no pagar deudas por mala campaña



La naturaleza, los bajos precios del arroz y plagas desconocidas que han atacado los sembradíos tienen contra las cuerdas a los arroceros de Yapacaní. En una evaluación preliminar de 20.000 hectáreas, se identificó que hay unas 14.000 hectáreas perdidas.

Como primera medida, decidieron no pagar sus deudas y advertir a los bancos, financieras, casas comerciales, proveedoras de agroquímicos y a Emapa que no inicien procesos de embargo de garantías porque no se responsabilizarán de las reacciones.

Félix Álvarez, ejecutivo de los arroceros de Yapacaní, junto a técnicos del CIAT, del Senasag y del Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y del municipio, hizo un recorrido por algunas centrales que agrupan a los pequeños y medianos productores, tales como la 15 de Agosto y Kilómetro 40, donde esperaron los agricultores a la cabeza del dirigente Marcelino Rodríguez. Allí se mostraron parcelas con tablones cultivados que mostraban claramente la planta con el grano deshecho dentro de una chala de color negro.

“La naturaleza y la plaga nos están matando. Están atacando a los pobres que ahora no tenemos arroz ni para comer”, se quejó doña Juana Fernández (61) al llevar a los dirigentes a que vean su chaco de tres hectáreas totalmente arruinado. “Debemos Bs 16.000 y no tenemos de donde pagar”, apuntó entre lágrimas la agricultora.

Plagas
El dirigente Marcelino Rodríguez sostuvo que los cultivos están siendo atacados, aparentemente por dos plagas, una que identifican como la mosca blanca y otra que dicen ser bateriosis.
Se quejó de que los técnicos del Senasag hayan ido a la zona cuando la cosecha está perdida, pese a que dieron la alerta hace bastante tiempo.

Técnicos
María Magdalena Galindo, responsable departamental de Vigilancia Epidemiológica del Senasag, afirmó que se ha tomado muestras para llevarlas a un laboratorio a fin de establecer el tipo de plaga que ataca los cultivos