Entre agosto del 2009 y ayer, el precio del quintal de maíz subió de 36 a 90 bolivianos debido a la baja producción y a la fuerte sequía que azota a este cultivo.
El precio histórico, que oscilaba entre 30 y 35 bolivianos, quedó atrás, debido a las restricciones a la exportación que tuvo el sector y que dieron como resultado que en las campañas los productores siembren cada vez menos.
“El Gobierno ha desincentivado a los productores porque en las dos últimas campañas de verano la superficie de siembra ha bajado de 155 mil a 93 mil hectáreas”, informó el gerente técnico de la Asociación de Productores de Maíz y Sorgo (Promasor) Casto Carballo.
Cree que los precios ya no aumentarán porque está por comenzar la cosecha de invierno de la zona Norte del departamento y permitirá tener el cereal en el mercado hasta la campaña de verano.
escasez en el pollo. Los 14,50 bolivianos que se cobraba ayer por el kilo de pollo se debe a que hay poca producción.
“El precio está regulado por la oferta y la demanda, no exclusivamente por el tema del maíz”, dijo el presidente de los avicultores, Mario Justiniano.
El titular pone como ejemplo que en diciembre del 2009 el precio del maíz llegó a costar 80 bolivianos, mientras que el del pollo se mantenía a 8,50 bolivianos.
“Había un excedente en la producción de pollos y no podíamos vender más caro. En enero los productores comenzaron a ahogar los pollitos para no seguir perdiendo dinero”, dijo Justiniano.
IMPORTARÁN MAíz. La Asociación Departamental de Avicultores importará dos mil toneladas de maíz de Paraguay o Argentina.
Justiniano indicó que se encuentran esperando cuánto va a ser la producción de maíz de la campaña de invierno para, en base a esa cantidad, traer unas 20 mil toneladas. “De esta campaña se cosechará no más de 200 mil toneladas”, dijo el gerente de los maiceros.
12 millones de pollos se consumen mensualmente en todo el país.
martes, 7 de septiembre de 2010
Declararán el 2011 “año de la manzana Camuesa” en Vinto
El Gobierno Municipal de Vinto, Cochabamba, se propuso declarar el 2011como el año de la manzana Camuesa. Se prevé la construcción de un vivero para su cultivo.
“La manzana camuesa es una fruta que no tiene parangón en el mundo por sus propiedades alimenticias y genéticas”, explicó a la agencia de noticias Valle Press, uno de los enólogos más reconocidos del valle bajo, Tito Mérida, productor también del manzano verde y de uva.
Este tipo de manzana, que en el pasado (alrededor de los años 50) ocupaba grandes extensiones de tierra, hoy es cultivado por contadas familias en Vinto y Quillacollo, destaca Valle Press.
La temporada de cosecha de la manzana camuesa es el primer trimestre de cada año, y las pocas familias que la cultivan utilizan su producción especialmente para consumo propio, siendo mínima la comercialización local.
Ante esta situación, la Alcaldía de Vinto, a la cabeza del burgomaestre Edgar Soliz, propone crear un vivero municipal donde, además de producir flores, se cultive plantines de la manzana camuesa.
“La idea es que cada familia vinteña tenga, al menos, un árbol de manzana a fin de volver a fomentar su cuidado y cultivo de este fruto tradicional del valle bajo”, declaró Soliz.
Para el Alcalde, a mediano plazo, se puede lograr ampliar la producción de este tipo de manzana para fines comerciales e industriales.
La manzana camuesa es un poco más pequeña que la manzana chilena, de color verde con matices rojos cuando está madura; puede ser utilizada para la preparación de mermeladas y refrescos y, lo más importante, tiene larga vida pues una vez cosechada dura en la despensa más de un mes sin perder sus propiedades. Es, además, una fruta no harinosa al paladar, ácida y muy saludable.
El alcalde del municipio de Arani, Macario Álvarez, solicitó plantines de manzana camuesa a fin de cultivarla en el Valle Alto, en el marco de un programa de reforestación y seguridad alimentaria.
“La manzana camuesa es una fruta que no tiene parangón en el mundo por sus propiedades alimenticias y genéticas”, explicó a la agencia de noticias Valle Press, uno de los enólogos más reconocidos del valle bajo, Tito Mérida, productor también del manzano verde y de uva.
Este tipo de manzana, que en el pasado (alrededor de los años 50) ocupaba grandes extensiones de tierra, hoy es cultivado por contadas familias en Vinto y Quillacollo, destaca Valle Press.
La temporada de cosecha de la manzana camuesa es el primer trimestre de cada año, y las pocas familias que la cultivan utilizan su producción especialmente para consumo propio, siendo mínima la comercialización local.
Ante esta situación, la Alcaldía de Vinto, a la cabeza del burgomaestre Edgar Soliz, propone crear un vivero municipal donde, además de producir flores, se cultive plantines de la manzana camuesa.
“La idea es que cada familia vinteña tenga, al menos, un árbol de manzana a fin de volver a fomentar su cuidado y cultivo de este fruto tradicional del valle bajo”, declaró Soliz.
Para el Alcalde, a mediano plazo, se puede lograr ampliar la producción de este tipo de manzana para fines comerciales e industriales.
La manzana camuesa es un poco más pequeña que la manzana chilena, de color verde con matices rojos cuando está madura; puede ser utilizada para la preparación de mermeladas y refrescos y, lo más importante, tiene larga vida pues una vez cosechada dura en la despensa más de un mes sin perder sus propiedades. Es, además, una fruta no harinosa al paladar, ácida y muy saludable.
El alcalde del municipio de Arani, Macario Álvarez, solicitó plantines de manzana camuesa a fin de cultivarla en el Valle Alto, en el marco de un programa de reforestación y seguridad alimentaria.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Productores de Tarija participarán en Exposemilla 2010
Del 15 al 16 de octubre en la ciudad de Santa Cruz se llevará adelante la primera de versión de la feria internacional Exposemillas 2010, evento en el que participaran expositores de la Subcentral Campesina de la provincia Cercado. El objetivo de esta feria es promover el intercambio comercial, de información y tecnología entre productores y demandantes de semillas, a nivel nacional e internacional. El Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (Iniaf), la Cámara de Exportadores de Santa Cruz (Cadex) y la Cooperación Técnica Alemana (GTZ), a través del Programa Proagro son las instituciones que están brindando el apoyo para la concreción de este encuentro.
José María Larrasín, responsable de investigación del Iniaf, señaló que este emprendimiento nace ante la creciente demanda de semilla en el mercado nacional. “Este proceso involucra a diversos microproductores de papa, avena, trigo, frejol, soja, maíz y sésamo, por tal motivo, estamos a la espera de la participación activa de productores rurales de semilla, compradores, comercializadores, empresas productoras, exportadoras, empresas proveedoras de insumo, y tecnología”, explicó.
Cien productores participarán en Fexpo Semilla de Santa Cruz
El Ministerio de Desarrollo Rural anunció el miércoles que más de 100 productores participarán en la primera versión de la Fexpo Semilla 2010, que se realizará en la ciudad de Santa Cruz en octubre próximo, donde se espera generar negocios por más de un millón de dólares.
“El evento permitirá recuperar la diversidad genética que tiene Bolivia, tenemos una gran cantidad de variedades en diferentes productos, por eso son alrededor de 100 productores de semillas que participarán en el evento y se espera concretar intenciones de negocio de al menos un millón de dólares”, informó en conferencia de prensa Víctor Hugo Vásquez, viceministro de Desarrollo Rural.
Manifestó que el evento, que cuenta con el apoyo de la Cámara de Exportadores de Santa Cruz (CADEX) y de la Cooperación Técnica Alemana (GTZ), se realizará entre el 15 y 16 de octubre en instalaciones de la Fexpocruz de la ciudad de Santa Cruz.
Por su parte, el director ejecutivo del Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), Edwin Murillo, informó que el año pasado Bolivia registró una producción de aproximadamente 71 mil toneladas de semilla certificada de alta calidad, que se traducen en 70 millones de dólares, con la participación de más de 15 mil productores.
lunes, 30 de agosto de 2010
Los ríos caudalosos de Beni se secan y 800 comunidades sufren
Histórico: El 100 por ciento de los afluentes entró en una crisis hídrica debido a la falta de lluvias. Esto, sumado al frío polar del mes pasado y los incendios del presente, hacen pensar a los pobladores en una “plaga apocalíptica”.
Roberto Navia / El Deber.- Los ríos colosos de Beni sufren una metamorfosis histórica. Esos gigantes de agua hoy están convertidos en arroyos tímidos, y en los puertos donde anclaban barcos de alto tonelaje quedan sólo arena o caballos que aprovechan el pasto que nació con la poca humedad de esos suelos.
Quienes se atreven a zarpar por esas delgadas líneas de agua que todavía quedan, lo hacen a sabiendas de que en el viaje, a media carga, se toparán con murallas de arena y cachuelas de piedras que harán encallar la embarcación, que no podrán llegar hasta las puertas de los pueblos y que deberán bajar el equipaje a los pies de los barrancos para buscar un motorizado que vaya por caminos de tierra o sendas de herradura.
Ese panorama gris tiene un culpable: la sequía. “El 100 por ciento de los ríos de Beni entró en crisis hídrica por falta de lluvias en las cuencas alta, media y baja”, confirma Luis Antonio Philips, hidrólogo de profesión y director del Sistema de Alerta Temprana y de la Gestión de Riesgo de la Gobernación de Beni.
En palabras sencillas, lo que él quiere decir es que los cerca de 50 ríos y afluentes de agua que hay en Beni —16 de ellos navegables— se están secando y que hay zonas, incluso en el mismo gigante Mamoré, con profundidades de apenas 80 centímetros.
Este fenómeno supera todos los récords históricos e incluso el promedio de déficit de agua de los anteriores 10 años, que no bajaba del metro de profundidad, tanto en el río Ichilo como en el Mamorecillo, Mamoré, Iténez, Blanco, Yacuma, entre otros. Todos ellos hoy están afectados por la sequía.
Los efectos de la falta de lluvias ya están a la vista: hay 800 comunidades, donde viven más de 400.000 personas asentadas en los ríos navegables y otros afluentes de la amazonia, cuya vida social, económica y cultural fluye al ritmo de las actividades de la navegación.
La Agencia Regional Trans Naval reveló que los volúmenes de envío de gasolina, diésel y jet fuel a Guayaramerín y a otros destinos —para mover todo el aparato productivo y energético de Beni y Pando— bajaron en un 50 por ciento porque las barcazas ya no pueden surcar los ríos con sus 450.000 litros de carga.
Llevar por tierra tal carga es inviable. El capitán de navío Amilcar Morales asegura que el transporte terrestre cuesta el doble y hasta el triple, y que para llevar los 350.000 litros de combustible que carga ahora una barcaza, se necesitan al menos 10 camiones cisternas y los caminos no garantizan un tráfico fluido.
Esos 800 pueblos que viven en las riberas de los ríos se abastecen de productos que llegan a través de las aguas, pero ahora que a los barcos ya no se los ve por el horizonte, ya empiezan a escasear y encarecerse productos comestibles.
El marinero Gary Villagómez, que pilota el barco Mari Luz, se vio obligado a anclar 20 kilómetros antes de Santa Ana de Yacuma porque las piedras le impidieron llegar hasta puerto Junín. Ahí improvisó un puerto y el dueño de la mercadería tardó tres días en hacer llegar la carga por tierra hasta Santa Ana.
Según Philips, el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de Beni declaró en situación de emergencia al departamento, ya que los efectos climáticos están golpeando a varios municipios.
Amilcar Morales, ejecutivo del Servicio de Mejoramiento a la Navegación Amazónica (Semena), dice que para terminar con la sequía, debe llover ininterrumpidamente al menos 10 litros por metro cuadrado durante cinco días.
Pero el agua que caiga no será bendita, teme el hidrólogo Luis Antonio Philips, ya que arrastrará las cenizas que quedaron de los incendios forestales. Con ello, advierte, empezará un nuevo problema para esas 800 comunidades asentadas en las riberas, donde la vida de sus pobladores discurre en torno de las aguas de sus ríos.
Sequía, fuego y frío; funesto
Hay quienes creen que una plaga apocalíptica se apoderó de los que viven en la amazonia boliviana: el frío polar mató gran parte de los peces que viven en los cursos hídricos; después, los incendios forestales quemaron los cultivos de quienes viven en las zonas rurales, y los animales silvestres, con los que también se alimentaban, se internaron monte adentro escapando del fuego. Ahora, la falta de lluvia está secando los ríos, y con ello los campesinos pierden la libertad de locomoción porque el agua es para ellos el principal medio de transporte y de sobrevivencia.
En las comunidades del interior de Beni hay personas que predicen que si esto sigue así, en dos meses la gente va a empezar a desesperarse, porque para entonces las reservas de alimentos se habrán terminado. Años antes, cuando la sequía hacía de las suyas, quedaban los animales silvestres para saciar el hambre; ahora ya no los hay.
Hay agua de Beni contaminada
El Ministerio de Salud, distrital Beni, llegó a la conclusión de que al menos diez afluentes hídricos, entre ríos y lagunas de dicho departamento, sufren de alta contaminación bacteriológica y que no son aptas para el consumo humano. Así lo refleja el estudio científico sobre control y vigilancia de la calidad del agua de los ríos, de la Unidad de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria.
El documento fue concluido el 19 de agosto y los resultados, a decir de Luis Antonio Philips, director del Sistema de Alerta Temprana y de la gestión de riesgo de la Gobernación, es alarmante. Los datos revelan que ríos memorables como el Ibare y el Mamoré, y algunas lagunas donde las comunidades calman su sed, tienen altos índices de contaminación y que beber de ellos, sin un tratamiento previo, puede causar enfermedades.
Philips dice que debido a la mortandad de peces, los ríos se convirtieron en focos de infección, y es por eso que beber de sus aguas o bañarse en ellas puede ser muy peligroso para la salud. Pero a muchos de los pobladores no parece interesarles todo ello, igual beben y se bañan en los ríos.
Para destacar
YPFB guarda reservas de combustible en Guayaramerín, debido a la sequía que afecta a los ríos.
800 pueblos viven en las riberas de los grandes ríos benianos y se abastecen de todo lo que les llega a través de las aguas.
Navegar de noche es casi imposible, pues resulta muy peligroso al haber bajado tanto el nivel de las aguas de los ríos.
En pleno río hay piedras paralizadas, arena y barro. Incluso el Mamoré tiene zonas con 80 centímetros de profundidad.
Roberto Navia / El Deber.- Los ríos colosos de Beni sufren una metamorfosis histórica. Esos gigantes de agua hoy están convertidos en arroyos tímidos, y en los puertos donde anclaban barcos de alto tonelaje quedan sólo arena o caballos que aprovechan el pasto que nació con la poca humedad de esos suelos.
Quienes se atreven a zarpar por esas delgadas líneas de agua que todavía quedan, lo hacen a sabiendas de que en el viaje, a media carga, se toparán con murallas de arena y cachuelas de piedras que harán encallar la embarcación, que no podrán llegar hasta las puertas de los pueblos y que deberán bajar el equipaje a los pies de los barrancos para buscar un motorizado que vaya por caminos de tierra o sendas de herradura.
Ese panorama gris tiene un culpable: la sequía. “El 100 por ciento de los ríos de Beni entró en crisis hídrica por falta de lluvias en las cuencas alta, media y baja”, confirma Luis Antonio Philips, hidrólogo de profesión y director del Sistema de Alerta Temprana y de la Gestión de Riesgo de la Gobernación de Beni.
En palabras sencillas, lo que él quiere decir es que los cerca de 50 ríos y afluentes de agua que hay en Beni —16 de ellos navegables— se están secando y que hay zonas, incluso en el mismo gigante Mamoré, con profundidades de apenas 80 centímetros.
Este fenómeno supera todos los récords históricos e incluso el promedio de déficit de agua de los anteriores 10 años, que no bajaba del metro de profundidad, tanto en el río Ichilo como en el Mamorecillo, Mamoré, Iténez, Blanco, Yacuma, entre otros. Todos ellos hoy están afectados por la sequía.
Los efectos de la falta de lluvias ya están a la vista: hay 800 comunidades, donde viven más de 400.000 personas asentadas en los ríos navegables y otros afluentes de la amazonia, cuya vida social, económica y cultural fluye al ritmo de las actividades de la navegación.
La Agencia Regional Trans Naval reveló que los volúmenes de envío de gasolina, diésel y jet fuel a Guayaramerín y a otros destinos —para mover todo el aparato productivo y energético de Beni y Pando— bajaron en un 50 por ciento porque las barcazas ya no pueden surcar los ríos con sus 450.000 litros de carga.
Llevar por tierra tal carga es inviable. El capitán de navío Amilcar Morales asegura que el transporte terrestre cuesta el doble y hasta el triple, y que para llevar los 350.000 litros de combustible que carga ahora una barcaza, se necesitan al menos 10 camiones cisternas y los caminos no garantizan un tráfico fluido.
Esos 800 pueblos que viven en las riberas de los ríos se abastecen de productos que llegan a través de las aguas, pero ahora que a los barcos ya no se los ve por el horizonte, ya empiezan a escasear y encarecerse productos comestibles.
El marinero Gary Villagómez, que pilota el barco Mari Luz, se vio obligado a anclar 20 kilómetros antes de Santa Ana de Yacuma porque las piedras le impidieron llegar hasta puerto Junín. Ahí improvisó un puerto y el dueño de la mercadería tardó tres días en hacer llegar la carga por tierra hasta Santa Ana.
Según Philips, el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de Beni declaró en situación de emergencia al departamento, ya que los efectos climáticos están golpeando a varios municipios.
Amilcar Morales, ejecutivo del Servicio de Mejoramiento a la Navegación Amazónica (Semena), dice que para terminar con la sequía, debe llover ininterrumpidamente al menos 10 litros por metro cuadrado durante cinco días.
Pero el agua que caiga no será bendita, teme el hidrólogo Luis Antonio Philips, ya que arrastrará las cenizas que quedaron de los incendios forestales. Con ello, advierte, empezará un nuevo problema para esas 800 comunidades asentadas en las riberas, donde la vida de sus pobladores discurre en torno de las aguas de sus ríos.
Sequía, fuego y frío; funesto
Hay quienes creen que una plaga apocalíptica se apoderó de los que viven en la amazonia boliviana: el frío polar mató gran parte de los peces que viven en los cursos hídricos; después, los incendios forestales quemaron los cultivos de quienes viven en las zonas rurales, y los animales silvestres, con los que también se alimentaban, se internaron monte adentro escapando del fuego. Ahora, la falta de lluvia está secando los ríos, y con ello los campesinos pierden la libertad de locomoción porque el agua es para ellos el principal medio de transporte y de sobrevivencia.
En las comunidades del interior de Beni hay personas que predicen que si esto sigue así, en dos meses la gente va a empezar a desesperarse, porque para entonces las reservas de alimentos se habrán terminado. Años antes, cuando la sequía hacía de las suyas, quedaban los animales silvestres para saciar el hambre; ahora ya no los hay.
Hay agua de Beni contaminada
El Ministerio de Salud, distrital Beni, llegó a la conclusión de que al menos diez afluentes hídricos, entre ríos y lagunas de dicho departamento, sufren de alta contaminación bacteriológica y que no son aptas para el consumo humano. Así lo refleja el estudio científico sobre control y vigilancia de la calidad del agua de los ríos, de la Unidad de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria.
El documento fue concluido el 19 de agosto y los resultados, a decir de Luis Antonio Philips, director del Sistema de Alerta Temprana y de la gestión de riesgo de la Gobernación, es alarmante. Los datos revelan que ríos memorables como el Ibare y el Mamoré, y algunas lagunas donde las comunidades calman su sed, tienen altos índices de contaminación y que beber de ellos, sin un tratamiento previo, puede causar enfermedades.
Philips dice que debido a la mortandad de peces, los ríos se convirtieron en focos de infección, y es por eso que beber de sus aguas o bañarse en ellas puede ser muy peligroso para la salud. Pero a muchos de los pobladores no parece interesarles todo ello, igual beben y se bañan en los ríos.
Para destacar
YPFB guarda reservas de combustible en Guayaramerín, debido a la sequía que afecta a los ríos.
800 pueblos viven en las riberas de los grandes ríos benianos y se abastecen de todo lo que les llega a través de las aguas.
Navegar de noche es casi imposible, pues resulta muy peligroso al haber bajado tanto el nivel de las aguas de los ríos.
En pleno río hay piedras paralizadas, arena y barro. Incluso el Mamoré tiene zonas con 80 centímetros de profundidad.
domingo, 29 de agosto de 2010
Se secan ríos de Beni y 800 pueblos sufren pueblos sufren
Los ríos colosos de Beni sufren una metamorfosis histórica. Esos gigantes de agua hoy están convertidos en arroyos tímidos, y en los puertos donde anclaban barcos de alto tonelaje quedan sólo arena o caballos que aprovechan el pasto que nació con la poca humedad de esos suelos.
Quienes se atreven a zarpar por esas delgadas líneas de agua que todavía quedan lo hacen a sabiendas que en el viaje, a media carga, se toparán con murallas de arena y cachuelas de piedras que harán encallar la embarcación, que no podrán llegar hasta las puertas de los pueblos y que deberán bajar el equipaje a los pies de los barrancos para buscar un motorizado que vaya por caminos de tierra o sendas de herradura.
Ese panorama gris tiene un culpable: la sequía. “El 100% de los ríos de Beni entró en crisis hídrica por falta de lluvias en las cuencas alta, media y baja”, confirma Luis Antonio Philips, hidrólogo de profesión y director del Sistema de Alerta Temprana y de la Gestión de Riesgo de la Gobernación de Beni. En palabras sencillas, lo que él quiere decir es que los cerca de 50 ríos y afluentes de agua que hay en Beni -16 de ellos navegables- se están secando y que hay zonas, incluso en el mismo gigante Mamoré, con profundidades de apenas 80 centímetros, una miseria que impide incluso que las lanchas domésticas se lancen a las aguas sin temor a quedar atoradas en el trayecto.
Este fenómeno supera todos los récords históricos e incluso el promedio de déficit de agua de los últimos 10 años, que no bajaba del metro de profundidad, tanto en el río Ichilo como en el Mamorecillo, Mamoré, Chapare, Tijamuchí, Apere, Ibare, Iténez, Blanco, Yacuma, entre otros. Todos ellos hoy están afectados por la sequía.
Los efectos de la falta de lluvias ya están a la vista: hay 800 comunidades, donde viven más de 400.000 personas asentadas en los ríos navegables y otros afluentes de la Amazonia, cuya vida social, económica y cultural fluye al ritmo de las actividades de navegación y del nivel de las aguas. “Los ríos nos dan la vida, y la sequía ahora nos la está quitando”, se lamenta Eduardo Javier Suárez, un carpintero de barcos que el pasado martes estaba retocando una embarcación anclada en las arenas del río Abuná, donde a comienzos de año el agua estaba brava y profunda.
La Agencia Regional Trans Naval reveló que los volúmenes de envío de gasolina, diésel y jet fuel a Guayaramerín y a otros destinos -para mover todo el aparato productivo y energético de Beni y Pando- han disminuido un 50% porque las barcazas ya no pueden surcar los ríos con sus 450.000 litros de carga.
Llevar por tierra tal carga es inviable. El capitán de navío diplomado en altos estudios nacionales Amilcar Morales asegura que el transporte terrestre cuesta el doble y hasta el triple, y que para llevar los 350.000 litros de combustible que carga ahora una barcaza se necesitan por lo menos 10 camiones cisternas y los caminos de tierra no garantizan un tráfico fluido.
Pero YPFB tomó sus previsiones y ha venido guardando reservas en los tanques de Guayaramerín, asegura la Agencia Regional Trans Naval, adelantándose a una prolongación de la sequía. Desde esta oficina dicen que los barcos cada vez tendrán que ir con menos carga.
Esos 800 pueblos que viven en las riberas de los ríos se abastecen de productos que llegan a través de las aguas, pero ahora que a los barcos ya no se los ve por el horizonte y que sus puertos permanecen solitarios, ya empieza a sentirse una escasez de productos comestibles y un incremento en los precios de algunos de ellos. Fernando Galindo estaba la noche del martes con su cargamento de sal para ganado en el puerto Los Puentes -a 25 km de Trinidad- aguardando a que llegue el barco de Santa Ana de Yacuma que contrató para transportar dicha mercancía al interior de la Amazonia. “Me ha llegado la información de que la embarcación está encallada lejos de aquí”, dice con una voz triste, porque sabe que cada día que pasa le cuesta dinero mantenerse a los pies del Mamoré.
El marinero Gary Villagómez Justiniano, que pilota el barco Mari Luz, se vio obligado a anclar 20 km antes de Santa Ana de Yacuma porque un colchón de piedras le impidió llegar hasta el tradicional puerto Junín.
Ahí improvisó un puerto y el dueño de la mercadería tardó tres días en hacer llegar la carga por tierra hasta el centro de Santa Ana, donde viven 17.000 habitantes.
Según Philips, el viernes pasado el COE de Beni declaró en situación de emergencia al departamento, puesto que los efectos climatológicos están golpeando a varios municipios.
Pero por ahora devolver el agua a los ríos no está en manos del hombre. Amilcar Morales, el ejecutivo del Servicio de Mejoramiento a la Navegación Amazónica (Semena), dice que para terminar con la sequía debe llover ininterrumpidamente por lo menos 10 litros por metro cuadrado durante cinco días.
Pero el agua que caiga no será bendita, teme el hidrólogo Luis Antonio Philips, ya que arrastrará las cenizas que quedaron de los incendios forestales. Con ello, advierte, empezará un nuevo problema para esas 800 comunidades asentadas en las riberas, donde la vida de sus 400.000 habitantes fluye al ritmo de las actividades de navegación y del nivel de los ríos.
La sequía, el fuego y el frío: un cóctel funesto
Hay quienes creen que una plaga apocalíptica se ha apoderado de los que viven en la Amazonia boliviana: el frío polar mató gran parte de los peces que viven en los cursos hídricos, después, los incendios forestales quemaron los cultivos de quienes viven en las zonas rurales y los animales silvestres, con los que también se alimentaban, se internaron monte adentro escapando del fuego. Ahora, la falta de lluvia está secando los ríos y con ello los campesinos pierden la libertad de locomoción porque el agua es para ellos el principal medio de transporte y de sobrevivencia.
En las comunidades del interior de Beni hay personas que predicen que si esto sigue así en dos meses la gente va a empezar a desesperarse, porque para entonces todas las reservas de alimentos se habrán terminado.
Años antes, cuenta Adolfo Cardozo, cuando la sequía hacía de las suyas, quedaban los animales silvestres para saciar el hambre, pero ahora ya no hay ni eso, los incendios han matado a los animalitos y los que quedaron vivos se escaparon a lugares lejanos.
Samuel Fernández, un habitante de Santa Ana de Yacuma, dice que ahora el campesino tampoco puede moverse porque los ríos están secos y no pueden viajar por tierra porque la gente es pobre y no tiene qué vender, dado que en el mejor de los casos apenas ha podido salvar una parte de sus cultivos.
Donald Braminen, propietario de la embarcación Mario Ángel, explica que la furia del clima ha cambiado el ritmo de su vida. Para empezar, dice que ahora sólo puede navegar durante el día, puesto que hacerlo de noche significa poner en juego la vida humana y la integridad de su barco. “Si usted supiera con lo que nos encontramos en el río. Hay piedras, palizadas, arena, barro...”
En las comunidades del interior de Beni hay personas que predicen que si esto sigue así en dos meses la gente va a empezar a desesperarse, porque para entonces todas las reservas de alimentos se habrán terminado.
Años antes, cuenta Adolfo Cardozo, cuando la sequía hacía de las suyas, quedaban los animales silvestres para saciar el hambre, pero ahora ya no hay ni eso, los incendios han matado a los animalitos y los que quedaron vivos se escaparon a lugares lejanos.
Samuel Fernández, un habitante de Santa Ana de Yacuma, dice que ahora el campesino tampoco puede moverse porque los ríos están secos y no pueden viajar por tierra porque la gente es pobre y no tiene qué vender, dado que en el mejor de los casos apenas ha podido salvar una parte de sus cultivos.
Donald Braminen, propietario de la embarcación Mario Ángel, explica que la furia del clima ha cambiado el ritmo de su vida. Para empezar, dice que ahora sólo puede navegar durante el día, puesto que hacerlo de noche significa poner en juego la vida humana y la integridad de su barco. “Si usted supiera con lo que nos encontramos en el río. Hay piedras, palizadas, arena, barro...”
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