miércoles, 2 de noviembre de 2016

El Tarwi puede ganarle a la soya


RIQUEZA | LA LEGUMINOSA QUE DESDE HACE SIGLOS SE PRODUCE EN LOS VALLES INTERANDINOS TIENE UN ALTO POTENCIAL ESTRATÉGICO Y SE PODRÍA DESARROLLAR EN ZONAS HOY MARGINADAS DE LA PRODUCCIÓN.

Probablemente la mayoría de los bolivianos, especialmente vallunos y andinos, despreciaron durante décadas un alimento cuyo potencial, al parecer, no admite competencia. Se trata del proverbialmente humilde tarwi. El tarwi, ese producto cuya máxima expresión son algunas galletitas ofertadas ocasionalmente en negocios de productos naturales y restaurantes vegetarianos. Sí, el tarwi, esa planta oleaginosa, cuyas semillas son vendidas en las esquinas de las capitales bolivianas por inmigrantes campesinas de escasos recursos.

Sin embargo, los científicos consideran al tarwi como un notable retador del producto estrella de la agroindustria boliviana, la conflictiva soya transgénica. Producto que es defendido desde hace décadas por empresarios y políticos. Ha generado un negocio que implicó ingresos al país por más de 1.000 millones de dólares. Fue avalado por las autoridades como base de la soberanía alimentaria porque implica la proteína que alimenta a los diversos tipos de ganado consumidos en Bolivia. Y es desarrollado, producido y comercializado por empresarios extranjeros y transnacionales.




TARWI 1 – SOYA 0

Presentados ambos contendientes, vayamos a realizar las siempre odiosas comparaciones. Un estudio realizado por las universidades Real de Veterinaria y Agricultura Taastrup de Dinamarca y Nacional de los Andes de Perú define el primer round: el tarwi tiene más proteína que la soya. Sí, una especie de golpe en la boca del estómago transgénico y las cifras lo avalan. El estudio, desarrollado el año 2006, revela que, en promedio, por cada cien gramos de tarwi hay 44,3 gramos de proteína. Mientras que por cada 100 gramos de soya de la mejor calidad, sólo se obtiene, en promedio, 33, 4 gramos de proteína.

Y la proteína constituye el factor clave del producto. El mundo hoy vive una disputa estratégica por las fuentes de proteína. País que hoy asegura sus fuentes de proteína es país que asegura la producción de carne sea de aves, pescados, reses, cerdos, etc y se garantiza una alta competitividad. Ello al margen de otro tipo de hábitos alimenticios en los que también el tarwi, por esa condición proteica, tiene las de ganar.

En este combate entre leguminosas, los defensores de la soja suelen abogar por su alta productividad. Antes de este año de problemas climáticos agravados, en Santa Cruz se llegó a cosechar 2.260 kilogramos de soya por hectárea. Así lo reportó la propia Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo). En la Argentina se llegó incluso a récords de 3.000 kilogramos.

¿Cómo se defiende el tarwi frente a esa aplastante y jactanciosa combinación de peso y efectividad? Pues, de acuerdo al estudio danés-peruano, el rendimiento del despreciado tarwi varía entre 3.500 y 5.000 kilogramos por hectárea. Duro golpe al mentón transgénico.
EMPATE TÉCNICO EN GRASAS

Pero claro, no se debe cantar victoria todavía. Sabido es, y visto diariamente en la publicidad televisiva, que la soya contiene valiosos aceites. Probablemente, para el ciudadano común, la relación cotidiana más directa se halla con el aceite de soja. ¿Cuánta grasa existe en 100 gramos de soya? Un promedio de 16,4, según daneses y peruanos. ¿Y el tarwi? No se deja y presenta 16,5 gramos de grasa por cada 100 gramos. Empate técnico, para evitar reclamos de los políticos. Pero, ciertamente, hasta acá la leguminosa ninguneada ya promete ser parte de las ligas mayores.

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La comida tipica tarwi
Archivo

PESTICIDA INCORPORADO

Pero, precisamente, según los estudiosos, esa su naturaleza autóctona es una ventaja. El jefe del departamento de Investigación, Postgrado e Interacción Social de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Justo Zapata Quiroz, remarca: “En Bolivia tenemos 83 especies de tarwi frente a la soya monopolizada por Monsanto. Si posicionáramos ese producto en los mercados internacionales, tendríamos una clara independencia de ese tipo de transnacionales”. Sin duda, sabido es que la “manager” de la soya es dueña de la patente y, por lo tanto, de las semillas. Hasta condiciona el uso de los pesticidas que permiten su desarrollo.

Y justamente, al hablar de los pesticidas parece desatarse una paliza del tarwi a la soja. Mientras la oleaginosa originaria del Asia y transnacionalizada en EEUU hoy viene asociada inseparablemente de herbicidas como el polémico glifosato, el tarwi consume estrictamente lo suyo. “Es amargo, porque tiene una gran cantidad de alcaloides –explica Zapata-. Por ello, no es apetecido ni por aves, ni por insectos, ni por ningún tipo de animales, es decir contiene un plaguicida natural”.

Es una planta de clima relativamente seco, por ello requiere de menos agua que la soya. Claro que los defensores que la llaman “grano de oro” dirán que ésta es más resistente a la humedad. Más aún, si se aferran a las ventajas que le brinda la ingeniería genética. No hay problema para el tarwi, clinch, y a defender su esquina.



FERTILIZACIÓN VS DEFORESTACIÓN

La leguminosa aún no explotada destaca precisamente porque se desarrolla en valles y altiplano, es decir entre los 2.000 y 3.850 metros sobre el nivel del mar. Y ese factor hace que vuelva a sacar ventaja sobre su hoy forzado oponente. Mientras la producción de soya arrasa cientos de miles y hasta millones de hectáreas colmadas de biodiversidad, el tarwi podría fertilizar tierras desoladas.

“La soya hoy está siendo expandida hacia el norte del país, es una gran equivocación –dice el economista Alberto Bonadona-. En el norte se debe respetar la biodiversidad. La soya debía producirse a lo largo de áreas que ya están desmontadas, especialmente en torno a la carretera Santa Cruz – Corumbá. Allí hay zonas ya desboscadas susceptibles de producir soya, pero no ir hacia lugares donde existe una cantidad impresionante de productos que pueden alcanzar notables valores de mercado, justo por ser parte de esa biodiversidad”.

Mientras tanto, los investigadores de la UMSA trabajan un proyecto destinado a explotar el tarwi y orientado hacia su definitivo posicionamiento. Valga destacar que siete de los nueve departamentos de Bolivia tienen zonas donde se produce o puede producir esta leguminosa. Las excepciones son Beni y Pando. “Hay 12 millones de hectáreas donde se podría sembrar tarwi –explica Zapata-. Buena parte de ellas coinciden con los municipios más pobres del país. Si pudiésemos trabajar en tan solo un millón de esas hectáreas se podría tener un rendimiento de 300 dólares por tonelada de tarwi, y a partir de ello un efecto multiplicador”.

El proyecto plantea la producción de la leguminosa andina de manera alternada con la quinua. En esto se aprovecharía una propiedad en la que empata con la soya: fijan hidrógeno en la tierra y, por lo tanto, la fertilizan. Valga recordar que la tonelada de quinua en el mercado mundial llegó a cotizar hasta en 6.600 dólares y bajó hasta 4.400. Sin embargo, su sostenibilidad está condicionada a una cuidadosa preservación de la fertilidad de los suelos. Se estima que una prolija producción inicial alternada de quinua y tarwi en un millón de hectáreas podría implicar un ingreso de hasta 4.000 millones de dólares. Ello al margen de los que podrían obtenerse de la industrialización de otros componentes del tarwi útiles para la medicina y la agroindustria.



ORGÁNICO VS TRANSGÉNICO

Y vale recordar que entre las nuevas tendencias alimenticias planetarias se encuentra la de los alimentos orgánicos. Según la bióloga ecuatoriana Elizabeth Bravo, la producción de transgénicos no logró mundializarse e incluso en 2015 enfrentó su primera baja. Se ha concentrado especialmente en Sudamérica, donde en países como Paraguay causó crisis ambientales y sociales. Bajo esa perspectiva, el horizonte del tarwi se abre aún más.

El proyecto de la UMSA busca además articular para la producción de esta leguminosa el uso de energías alternativas. Plantas piloto que incluyen el uso de paneles solares para extraer el agua que permitirá la siembra del tarwi ya han sido diseñadas y se prevé avanzar hacia la fase experimental. Todo, en el marco de un plan nacional de ciencia y tecnología.

Sin embargo, los investigadores remarcan que “el tarwi es sólo uno de los productos que podríamos explotar exitosamente en Bolivia”. Como nuevos aspirantes del podio de la agroindustria se citan al asaí, el copuazú, la acerola, las palmeras, la castaña, las habas, etc.

Por ahora, valga la valoración del tarwi frente a la ya tradicional soya. Y, por ahora, el ganador eeeees, según políticos y empresarios bolivianos (porque a ella apuestan), ¡la soya! Y pese a los silbidos y protestas del público, esperemos que, de la mano de los científicos, concedan una pronta y merecida revancha al tarwi.



"Los investigadores remarcan que “el tarwi es sólo uno de los productos que podríamos explotar exitosamente en Bolivia”. Como nuevos aspirantes del podio de la agroindustria se cita al asaí, el copuazú, la acerola, las palmeras, la castaña, las habas, etc."



"La soya hoy está siendo expandida hacia el norte del país, es una gran equivocación –dice el economista Alberto Bonadona-. En el norte se debe respetar la biodiversidad"

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